''Vuelve en amistad con Dios''.
PASTOR: Nicolás Sosa
''Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros''.
Gálatas 5:13 (RVR1960)
Así es como la superestrella evangélica moldea la fe en Estados Unidos.
Marcos Witt en una presentación en la iglesia Center City en Kansas.
La mayoría de los estadounidenses nunca ha oído hablar de Marcos Witt, pero él calcula que en los últimos 40 años ha vendido unos 27 millones de copias de sus discos a nivel mundial. (Muchas de estas ventas fueron a través de vías no tradicionales, como iglesias, que no informan los números a agencias de monitoreo). Witt ha llenado estadios en Ciudad de México, Buenos Aires, Santiago, São Paulo, San Salvador, Miami y Los Ángeles. Ha ganado seis premios Grammy Latinos, incluyendo uno el año pasado por su álbum 34.º en solitario, Viviré. Para sus fans, Witt es más que un cantautor. Es un conducto hacia lo divino. “Mi música lleva el aliento de Dios”, me dijo. “A través de nuestras canciones, Dios está abrazando a la gente”.
En la década de 1980, Witt revolucionó el culto evangélico en español al mezclar las canciones de alabanza con música disco y un estilo new wave para atraer a una generación más joven. En 1994, fundó la primera de decenas de escuelas en toda Latinoamérica para entrenar a otros músicos líderes de adoración. En la década de 2000, formó una de las congregaciones evangélicas en español más grandes de Estados Unidos en la Iglesia Lakewood en Houston. Al mismo tiempo, con los Grammy Latinos que ganó, inspiró a la siguiente generación de artistas musicales cristianos. “Witt puso en primer plano que era posible hacer música abiertamente cristiana, música de alabanza, y que suene bien producida y fresca”, explicó Leila Cobo, directora de contenido latino de la revista Billboard. “No está haciendo música de principiantes en un órgano chiquito”. Su álbum revelación de 1988, ¡Adoremos!, y sus secuelas Proyecto Alabanza Adoración (1990) y Tú y yo (1991) atrajeron a jóvenes latinoamericanos al musicalizar letras inspiradas en las Escrituras con teclados, guitarras eléctricas y baterías. Muchos pastores mayores acusaron a Witt de satanismo cuando salieron estos álbumes. La batería, dijeron, era un instrumento del diablo, y ninguna música piadosa podría sonar como Bruce Springsteen o Billy Joel. Pero los latinos más jóvenes acudían en masa a sus conciertos, llenando estadios. Quedaron prendados no solo por sus arreglos pop y rock, sino también por su forma de dirigirse a Dios. Witt quiere que el Espíritu Santo lo use para su propia obra. “Voy a salir al escenario y hacerme lo más pequeño que pueda para que Dios pueda hacerse lo más grande que pueda”. .
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